qui nimium probat, nihil probat
Homo sum, humani nihil a me alienum puto
natura nihil facit frustra
Al final del día no podemos ser perfectos;
al final de la noche, inclusive, menos.
Su recuerdo yace enterrado en carne,
encajado en lado, atosigante…
con mi falsa sonrisa y mirando al frente
suavizo o simplemente intento diluirle,
me conmuevo con mis certidumbres
confundo el vino con agua
en ese proceso opuesto al de la “Nada”
Al final del día me levanto, pienso
y sueño con un abrazo perfecto;
susurro a mi oído, lentamente,
aquellas palabras que anhelé de sus labios;
respiro e imagino su aliento sobre mi piel.
Al discurrir en sus caricias
intento, erradamente, recrear sus besos.
Es ahí, en ese momento, cuando
lloro y me arrepiento de lo que no puedo ofrecer
y que no hubiese aceptado, no se hubiera arriesgado.
Ahí donde me arrodillo y suplico, allí mismo
elevo mi oración sin respuesta de la “Nada”, de su irrealidad;
de aquello inexistente que a algunos les da fortaleza,
y que a mí me decepciona, me desprecia…pura relación de razón.
Y, sobre “Eso”, me mantengo…eso quiero sentir, hacerme creer.
Al final de la noche
mi vida se acaba y,
en sonrisas de un reflejo: me observo…
llagas manifiestas: las mías sí son existentes,
río a carcajadas, a gritos, sin reproches
hasta que mi llanto se apaga…
Y al final del tiempo no queda nada,
ni un recuerdo por desgracia
Nada, nada… de la “Nada”
nihil, nihilum…ex-nihilum
(en la serie automatismos diarios)